Si te paras a pensar en la manera en la que comienzas el día desde que te despiertas y las sensaciones que tienes desde primera hora de la mañana, probablemente te sorprendas de lo poco que piensas en ti mismo.
Lo primero que haces al levantarte cada mañana determina en gran medida tu estado emocional y, por consiguiente, el transcurso de tu día a día.
A lo largo del año realizamos acciones de manera rutinaria desde que nos levantamos, como mirar el móvil nada más despertar o desayunar rápidamente viendo las últimas noticias. Esto nos sitúa en un estado de alerta desde el inicio del día, cuando el cuerpo se encuentra en su momento más receptivo. Una lástima.
Dejamos pasar una oportunidad única para prepararnos y enfocarnos desde nuestro interior a las tareas que nos depara el día en un estado de calma. Empezamos el día con nuestro mensaje interno vacío.
Por eso, en los tiempos de descanso semanal y sobre todo en vacaciones, cuando estamos más relajados, cambiamos el ritmo y reconectamos con nosotros mismos. Afortunadamente nos damos una tregua a favor de lo que realmente nos gusta hacer. Es el equilibrio que se necesita para continuar el proceso. Pero no nos damos cuenta de que esto es posible conseguirlo todos los días.

¿Qué es lo primero que haces al levantarte? ¿En qué lugar de la casa permaneces hasta empezar a trabajar? ¿Cómo te hace sentir? ¿Qué es lo que te impide hacer las cosas de otra manera para que te sientas mejor?
Si lo que tienes son pensamientos recurrentes de problemas tuyos o ajenos, que van y vienen constantemente de tu cabeza, haz un esfuerzo por dejarlos pasar de tu mente.
Al levantarte, no empieces el día retomando pensamientos nocivos ni mirando el móvil, tómate un minuto para respirar hondo, sentirte agradecido y establecer tu intención en las próximas horas. Desconectar totalmente del mundo digital ayuda a reconectar con tu sabiduría, tu intuición y tu creatividad. Y al despertar es el mejor momento para hacer cosas enriquecedoras.
Desde hace tiempo, vivo a un ritmo más lento. Me levanto muy temprano y comienzo el día con 15 minutos de meditación. La verdad es que no resulta fácil mantener la mente en blanco. Alguna vez he empezado a contar la cantidad de pensamientos distintos que van y vienen a lo largo de esos minutos, pero siempre acabo perdiendo la cuenta. Pero poco a poco van en descenso. Me ayuda recitar mantras y ponerme música.
Si no te gusta meditar o lo ves complicado, ¡escribe! Aprovecha diez o veinte minutos antes de desayunar para escribir todo lo que se te venga a la cabeza, aunque no tenga sentido. Escribe sobre tus sueños, tus propósitos o simplemente palabras sueltas. No pienses, fluye a través del bolígrafo. ¡O dibuja! Déjate guiar por lo que de manera inconsciente, tu cerebro dicta a tu mano. Te sorprenderá el resultado.
Comenzar el día con liberando la mente a través de cualquier medio de meditación, (el dibujo también puede serlo), mejora la salud física, mental y espiritual, facilita la toma de decisiones, aumenta la felicidad y la gratitud e incrementa tu inteligencia emocional.
También es importante que tomes consciencia de los lugares en donde realizas estas actividades.

Yo siempre había meditado en el dormitorio, pero desde hace varias semanas me pongo en un rinconcito del salón. Meditar es una actividad yin es decir, pasiva y relajada que conecta con el uso yin de un dormitorio. Sin embargo, a pesar de que pueda ser contradictorio meditar en el salón, a veces hay excepciones, como en mi caso, que aprovecho en ciertos intervalos de tiempo. El salón de mi casa tiene la particularidad de vincularse con aspectos de quietud en los que puedo proyectar estas facetas de manera satisfactoria. Esta es una de las muchas ventajas que tiene la aplicación de feng shui en un espacio. Suelo orientarme al Sureste y procuro tener un espacio abierto delante de mí y nunca detrás.
Si no encuentras el lugar más apropiado quizás sea el momento de plantearte realizar cambios en tu vivienda y permitirte tener los espacios necesarios para dar cabida a tus inquietudes. A veces un cambio de uso de una estancia o la retirada de un tabique es suficiente. Y ahora es el mejor momento.
Una vez que has comenzado tu día partiendo de ti mismo, tómate una ducha, haz un desayuno saludable, siempre sentado y con tranquilidad y ábrete a la información del mundo en un estado interior óptimo. Es la ocasión de encender el móvil, leer el periódico y comenzar tu día. Puede ser en la cocina o bien en el salón o en la terraza. Cada espacio tiene su virtud en conexión contigo.
En el transcurso de tu jornada, cuando notes que las cosas se tuercen o que aparecen problemas, tómate unos segundos para respirar hondo y vuelve del estado en el que estabas mientras hacías los ejercicios de la mañana. Ese es tu mejor anclaje. Recrétate en esa sensación y retoma tu actividad con calma.
Por último, al acabar el día, ya sabes, desconecta. Desconecta a una hora concreta por la noche. Apaga tus dispositivos móviles y déjalos fuera del dormitorio, aprovecha para leer un libro, escuchar música, ver una película no violenta, hablar con tu familia o hacer mimos a tu mascota (acariciar a mi gata y que me responda con su ronroneo es de lo más gratificante que existe).
Busca ese rincón en el que más a gusto te encuentres, donde nadie te moleste ni tengas interrupciones, cambia de lugar y elige el que más te llame la atención. No te conformes ni te adaptes al espacio, adapta el espacio a tus necesidades.
En ese lugar agradece mentalmente o por escrito todo lo bueno que has vivido en este día. Pueden ser situaciones, personas o incluso tú mismo. Agradécete a ti haber dado un giro a tus acciones a favor de tu bienestar emocional.
Y ahora te toca a ti ¿qué prácticas llevas a cabo al levantarte? Deja tu comentario.
Hola Esther,
nuevamente coincido contigo en que los primeros momentos después del despertar, con cruciales para prepararnos para el día que no espera.
En mi caso, siempre que mis niñas me lo permiten, me lo dedico a escribir (qué tontería, verdad?). Apunto ideas que se me vienen a borbotones, a prepararme mentalmente (¿meditar?) para todo lo que tengo por delante en ese día (y sin darme cuenta, veo que esta práctica me hace ser más productiva).
Mi espacio para estos menesteres es mi mesa de la cocina.
Me siento delante de mi café-sólo-sin-azúcar, con mi sol-naciente, y voy volviendo al mundo… A veces, entre sorbo y sorbo, salgo al jardín a respirar la hierba.
Son momentos que no tienen precio. De una calidad excepcional.
¡Gracias de nuevo por hablar de todo esto!
¡Estupendo María Jesús! Empezar el día de esa manera, conectando con el momento presente hace que tu estado de ánimo aumente y te prepara a tope para vivir tu día con mayor tranquilidad interior.
muy bueno !! gracias
Gracias a ti. Un saludo.