¿Tú también estás de obras y te inquieta el resultado final? A todos nos ha pasado al pensar en el jaleo que supone una obra, el temor a cometer errores, que no quede bien, que se dispare el presupuesto, que no esté lista en el plazo acordado.
Es muy común que el primer paso que des sea el de contactar directamente con los encargados de realizar la obra, sobre todo, si tienes buenas referencias. Tienes en mente lo que quieres y piensas que únicamente necesitas a las personas que lo lleven a cabo físicamente.
Sin embargo, en este punto estás pasando por alto muchas cosas que deberían ser prioritarias para ti, entre las que destaca lo que realmente quieres vivir en tu nuevo hogar. Una obra no es reformar lo viejo, sino dar cabida a lo nuevo, y lo nuevo es tu vida, tu deseo, tu meta.
En una obra hay muchos factores a tener en cuenta, pero el más importante es llevar a cabo la envolvente donde proyectar tus objetivos. Una buena planificación asegura un resultado satisfactorio porque supone haber pensado por adelantado y, en el mejor de los casos, haber delegado en las personas adecuadas.

Paso 1: LA INTENCIÓN.
Antes de nada piensa en lo que quieres conseguir y no me refiero a un resultado final basado en lo estético. Pregúntate cuál es tu objetivo real, qué sensaciones quieres lograr, qué quieres potenciar en tu día a día. Por ejemplo: motivación en lo profesional, que tu hijo tenga un buen hábito de estudio, que tu relación de pareja se vea fortalecida.
Sí, sí. ¡Todo esto es posible lograrlo a través de tu casa! Basta con encontrar el lugar apropiado para dar cabida a esa intención. Porque probablemente ese dormitorio que habías pensado que era el mejor para ti, resulta que es donde tu hijo puede desarrollarse mejor intelectualmente. O puede que al eliminar el comedor anexo al salón para hacerlo más grande, estás dejando escapar el mejor sector de la casa para potenciar tu talento emprendedor.
Y ¿cómo puedes saber este tipo de información? Pues con planificación, realizando un estudio previo basado en feng shui. Con este estudio sabes de antemano cuáles son las zonas más apropiadas para cada uno de vosotros, pasando por encima de una estructura preestablecida. Es dar una vuelta de tuerca a lo que ya conoces y empezar a construir basándote en la vida que deseas.
Paso 2: EL PROYECTO.
Una vez tienes claros tus intereses, el siguiente paso es el proyecto de arquitectura basado en el estudio de feng shui. Sea cual sea la embergadura de tu obra, encarga el trabajo previo a un arquitecto o a un interiorista. El trabajo previo de estudiar el estado actual y encajar cada nuevo espacio con las medidas bien definidas, marca la diferencia entre el azar y lo planificado.
Un proyecto de reforma basado en feng shui contiene toda la información necesaria para que la obra siga unas pautas establecidas: cómo es el estado actual, cómo es la nueva distribución, dónde se sitúan los aparatos sanitarios en el baño, cuál es la disposición de la cocina. También qué tipo de iluminación se va a colocar, si empotrada (precisando de falso techo) o de superficie, los modelos, si es luz fría o luz cálida.
Este proyecto feng shui incluye hasta el más mínimo detalle, como la distribución interior de cada armario, el tipo de alicatado del baño o el modelo de los pomos de las puertas, todo pensado para vuestro bienestar.
Tener esto pensado de antemano y llevado a cabo por una única persona evita el estrés que supone ir a elegir los diferentes apartados al lugar donde te dicta el jefe de obra, cuando tú probablemente tengas otras preferencias. Por otro lado, el proyecto incluye un presupuesto estimado de cada partida, con lo que no dejas abierto ningún precio.
Paso 3: LA OBRA.
Este es el proceso más fácil, aunque aparente lo contrario. Realizar una obra sobre plano es coser y cantar porque todo está definido, desde las dimensiones de la nueva tabiquería, las instalaciones, los acabados, los aparatos sanitarios, la cocina, los armarios, los puntos de luz, todo.
Esto evita los imprevistos que requieren toma rápida de decisiones, cambios de última hora que afectan considerablemente a tu idea inicial, plazos que se alargan, indecisión que suponen verdaderos quebraderos de cabeza y resignación por no haber planificado.
De ahí el papel tan importante que representa un proyecto basado en tu intención real, por encima de tener más espacio o más luz. Sí, ganar metros cuadrados o tener un salón más luminoso es muy importante, pero debajo de estos aspectos físicos se puede ver la verdadera conexión que existe entre tú y tu espacio.
¡Dale el valor que mereces!
¿Planificas tu obra o te dejas llevar sobre la marcha?
Es verdad! Hay muchas personas q en cuanto deciden reformar su casa ya van derechos al constructor, sin pararse mas. Y el resultado final no es bueno…. y es una pena. Piensan en ahorrarse el arquitecto. Y luego se dan cuenta de q lo necesitaban, cuando ya es demasiado tarde. Una pena para todos!
Es cierto que hay personas que tienen las ideas muy claras o no quieren ver más allá de las soluciones que les ofrece un constructor. Pasar por alto la figura del arquitecto en una obra supone un resultado a medias, ya que dejan escapar todas las ventajas que tiene realizar un proyecto previo, analizando las necesidades del cliente y las posibilidades del lugar, con una visión global en función del presupuesto. Un arquitecto es la persona de confianza para dar forma al espacio de cada uno, facilita las cosas y asegura un resultado satisfactorio.
Hola!
Increíble tu blog! lo leeré todo.
Saludos de un colega (que sabe muy poco de FS) desde Bogotá.
http://www.remodelarexpres.com
😉
Muchas gracias. Me alegra tener colegas por aquí. ¡Te doy la bienvenida!