Sentirte bien o mal en el lugar en el que vives viene determinado por las experiencias que se han ido sucediendo allí a lo largo del tiempo, siendo tú, parte de ellas.
Esas experiencias, están referidas a etapas de tu vida, como tu etapa en la universidad, cuando compartes piso con tus compañeros de clase, tu primer trabajo o los primeros años viviendo solo en un piso de alquiler…
Pero también, están los momentos puntuales, esos en los que te reúnes con tus amigos, momentos de celebración, momentos de intimidad, momentos de ver películas en el sofá con la manta y palomitas, momentos de lectura en tu sillón al sol del invierno… Esta sucesión va formando tu rutina, un hábito que se va repitiendo en función de cada etapa que vivas.

EL AMBIENTE QUE TE RODEA.
Cada experiencia está ligada al ambiente físico que la rodea: el estado de cada estancia, el mobiliario, el color, la luz, el olor, etc. son los elementos que te acompañan en cada momento; son los que enmarcan tu propio escenario.
Probablemente hayas tenido la experiencia de irte cada verano a la casa de tus abuelos en el pueblo… Una casa pequeña, muy fría en invierno pero fresquita en verano. Una casa que olía a chimenea de leña, a hierbabuena, a lavanda o a puchero. Donde os reuníais toda la familia en torno a una mesa camilla y compartíais el rico guiso de la abuela, los cumpleaños de cada nieto, las batallitas de los tíos… Si es así, el recuerdo que te genera es de cariño, felicidad o melancolía…
O quizás hayas tenido otro tipo de aprendizaje en aquel pisito interior, viejo, con poca luz, de pasillo estrecho y una sola habitación. Pero que te permitió ahorrar el dinero suficiente para poder costearte tus estudios. Puede que tengas el recuerdo de esfuerzo constante, de ruidos de los vecinos, o dolores de cabeza. Probablemente tu mente rechace esa experiencia y por tanto, te aleje de ella.
Todas estas experiencias se vinculan a sensaciones y sentimientos que se van acumulando en tu interior determinando una vibración positiva o negativa hacia cada lugar en el que has vivido.
De esta manera, cuando realizas el ejercicio de Soñar tu casa, puedes enlazar con esos recuerdos que tienes grabados en tu mente y crear una casa similar que te inspire las mismas emociones. O por el contrario, imaginarte una casa totalmente distinta, que te motive otro tipo de sensaciones…
Entonces, llegado el momento de realizar un cambio de escenario, lo inmediato es ponerte a buscar piso. Una vivienda que reúna todos los requisitos imprescindibles para sentirte bien a gusto y en tu sitio. Comienzas a buscar ciudad, barrio y edificio.
Pero ¿has pensado que tu vivienda actual puede convertirse en ese hogar que necesitas? ¿tienes bien claro que lo que buscas es otro lugar distinto?
Para dar comienzo a una nueva vida y a otro tipo de experiencias, no es necesario buscar fuera, sino que es posible adaptar lo que ya tienes. Incluso sentir esa casa como tuya, amarla, sentirte bien para que tu aprendizaje en ella se de por concluido. Una casa es el libro en el que se escriben tus vivencias. Cada estancia es testigo de lo que allí vives, y tanto si es bueno como no tan bueno para ti, su propia energía te está mostrando tu aprendizaje.
LA ENERGÍA DE TU CASA
La energía de cada lugar, su qi, interactúa con las personas y se materializa en experiencias. Puede ser que el qi de una zona de tu salón promueva la habilidad en los negocios. En este caso te está mostrando que una parte de tu salón es favorable para tomar decisiones para tu empresa o pensar en nuevas estrategias de crecimiento. Si es así, estás conectando con ese qi y llevando a cabo esa oportunidad.
Pero puede darse el caso que ese qi favorezca las discusiones o pleitos en las relaciones personales. Por tanto, la energía de ese lugar te muestra que no es una buena zona para dialogar con tu pareja o tratar temas importantes referentes a las relaciones, ya que puede traer consecuencias negativas. En ese caso, la energía de tu casa te está mostrando lo que tienes que aprender con respecto al rol que desempeñas con tu pareja. Si no eres consciente de ello, no aprendes y por tanto, no trasciendes esa situación.
Es probable que si vives en varios sitios a lo largo del tiempo, cada uno te muestre esa parte de ti que tienes que trascender. ¿No has pensado nunca las veces que se repite en tu vida una misma situación?
Eso es Feng shui:
– Te muestra la manera de conectar con tu casa para tu evolución personal.
– Te ayuda a sortear obstáculos y a fluir de manera fácil para la consecución de tus logros.
– Establece la consonancia perfecta entre su propia energía, tú mismo y la actividad que se desarrolla en cada estancia.
Una vez que eres consciente de ello, seguro que notas esa llamadita interna que promueve el cambio. Es hora de dar un giro a tu vida y comienzas por el lugar en el que vives.
A veces, de una manera tan simple como cambiar de dormitorio a tu hija mediana, con la que tienes más roces. O bien, pasar más tiempo en ese comedor que sólo utilizas para ocasiones especiales, cuando su qi muestra que es el lugar más propicio de la vivienda.
No siempre es necesario buscar una nueva casa. Feng shui te ayuda a hacer de tu casa actual otra completamente distinta, reubicando estancias y acoplándolas a tu nuevo modo de vida. Pero sobre todo, te prepara para tus nuevas experiencias y que el recuerdo que te generen sea el mejor de todos los vividos.
Y a ti, ¿qué emociones te generan los recuerdos de tu casa? Compártelas a continuación.
Deja una respuesta