Cuando eliges un lugar para vivir tienes en cuenta una larga lista de preferencias, llamémoslas requisitos “prácticos”. Por ejemplo: la zona, distancia al lugar de trabajo, familiares cercanos, el colegio de los niños, la comunicación, el transporte… y cómo no, el presupuesto.
Pero de todos ellos, el primero y fundamental es La Zona, ese punto del mapa en el que se van a situar tus coordenadas geográficas, tu GPS, a la largo del tiempo que vivas allí. Será tu campo base, ¡el punto rojo de Google Earth!

Eliges un entorno urbano, en pleno centro, a las afueras, un entorno rural, frente al mar, bajo la montaña… pero en todos ellos, la máxima es encontrar la felicidad.
La felicidad es la mayor aspiración en la vida de una persona ¿no crees? Está en todas partes y debes estar bien atento porque mayor responsabilidad está en tí mismo. A partir de ahí, con tus acciones, decisiones y conexiones, enlazarás con la red que forma parte de tu vida, incluyendo familia, amigos, trabajo y casa. Todo es una conexión, hasta el hecho de que estés leyendo este artículo.
Tus requisitos prácticos son tus ideales, tus creencias. Una vez decides, te vinculas a tu aprendizaje, y, por consiguiente, a tu experiencia. Y por sorprendente que parezca, tu vivienda lo pone de manifiesto.
Tal vez, te resulte extraño de entender, pero a lo largo de este texto, saldrás de dudas.
A lo largo de cada semana, generalmente te he hablado de la importancia de los ciclos del tiempo. La energía cambia en el tiempo y en el espacio, de tal manera, que en un determinado periodo, lo que antes era favorable ahora puede no serlo tanto o viceversa. Son las influencias temporales. Esto es Feng shui clásico.
Pero lo que en esencia tiene buen “qi”, se mantiene con el tiempo, puede haber altos y bajos, pero su charme queda ahí, ese “algo” que hace que lo bueno prospere.
Y esta esencia tiene que ver con el paisaje, con las formas, las calles, el entorno… Los alrededores suponen un alto porcentaje en relación con la energía interna de la vivienda, ¡casi dos tercios! En Feng shui, el entorno exterior es lo más importante.

En la antigua China, se elegían minuciosamente los lugares de enterramiento, mediante la observación del paisaje. Se pensaba que la buena fortuna de los descendientes dependía, en gran medida, de la honra procesada a sus antepasados incluyendo la correcta ubicación de sus tumbas, algo fundamental. Para ello, grandes maestros de feng shui, aplicaban el método de San He feng shui, un método muy poco conocido en el mundo occidental.
San He es un feng shui muy yin, debido a que se usaba para situar las tumbas (yin) a partir del estudio de las formaciones montañosas. La montaña es quietud, es yin, pero también donde hay montaña existe agua, el agua de los ríos, y el agua es yang. Dentro de yin siempre hay yang. Y a partir de esta dualidad, fue posible su incorporación también para la ubicación de las viviendas (yang).
Pues bien, según San He, el qi, se genera en las montañas, son los “dragones”, los que conforman el paisaje. Ese qi se canaliza a través de los ríos o sendas y se acumula en el «agua». Esta es la definición de Feng shui… El dragón es inalterable con el tiempo, es adaptable, y, junto con el agua y la orientación de cada ubicación, forma un conjunto defensivo y natural de la ciudad.
Conocer los mejores lugares de asentamiento es saber observar. Es como un tranquilo paseo por el campo o la montaña, dejando la mente en blanco y dejándote llevar. Siente la brisa del viento, si es suave o brusca, percibe el olor de la tierra, el sonido del agua, de los árboles, los pájaros. Nota las subidas y bajadas del terreno, su orografía, si el terreno es abrupto, o por el contrario desciende suavemente desde la cima, serpenteando hasta llegar al mar.
Cuando vas en coche por un puerto de montaña, con curvas cuesta arriba y cuesta abajo, ¿cómo te sientes? ¿te mareas? ¿te emocionas sacando partido a las marchas de tu coche? Eso es parte del qi del entorno. Cada sensación depende de cada persona.

Se empieza a hacer una gran ciudad a partir de las laderas de la montaña hacia el mar, desde el lomo del dragón. Las carreteras descienden desde lo alto, conformando las calles y se van orientando geográficamente. Esto da las claves de una correcta ubicación. El dragón es la protección.
Existe algo innato en el ser humano que desde siempre le ha llevado a encontrar los mejores asentamientos para las ciudades. Cada ciudad empieza en la parte media de una montaña, en las laderas, porque es el lugar donde el dragón “acoge” a la ciudad.
Pero el hombre también saca a veces su punto rebelde, desafiando a lo imposible. La casa del acantilado, está construida como “un percebe pegado a la roca”, según Moodscape, sus autores. No cabe duda de lo impactante de su enclave y de la genialidad del diseño. Son viviendas para cierto tipo de personas, amantes del riesgo, los retos… Los que van por los puertos de montaña sacando el máximo partido a la conducción de su coche, a las marchas, a los cambios de pendiente. ¡Los que no se marean! Como te decía al principio, vivir en un determinado lugar viene dado por las decisiones de cada uno, que son las que conectan con esas experiencias.

Estas casas no son peores ni mejores. Son conectoras de las experiencias de sus ocupantes. Personas inquietas, retadoras y arriesgadas, que buscan una vida al límite. Estas pueden ser sus características innatas o las circunstancias de su vida. En definitiva, la inestabilidad, puesta de manifiesto a través su vivienda.
La famosa casa Malaparte, en Capri, de Adalberto Libera, fue un máximo exponente de la arquitectura del movimiento moderno. Una arquitectura fantástica, con una gran escalinata que forma parte de la cubierta. Sin embargo, su ubicación carece de apoyos naturales. Está demasiado expuesta, a expensas de las inclemencias del tiempo, del viento y del mar. El dragón no protege al estar edificada en una cumbre.

La verdad es que estos son ejemplos extremos, pero es para que tomes consciencia de que el entorno, la ubicación y el tipo de construcción ya dan pistas sobre el tipo de energía de una vivienda y la conexión con un tipo determinado de personas.
Esto, llevado a un caso más cercano, supone lo mismo. Quizás no haya “dragones” o montañas visibles, pero seguro que hay edificios o casas colindantes, que actúan como montañas. Puede que no haya ríos, pero sí carreteras, que son las vías de qi.
Según la trama urbana, las pendientes, y su orientación, se van conformando unas características según San He Feng shui, que influirán en la energía de la casa. El entorno se proyecta en el interior de las viviendas. De fuera a dentro, de lo grande a lo pequeño, de lo general a lo particular.
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